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Reviwes/Novedades – Arte
Manuel Vázquez Montalbán es conocido como novelista, poeta, crítico gastronómico y periodista. El famoso detective Pepe Carvalho, sus columnas en El País o sus singulares versos le han posicionado como un gran escritor de la literatura española. Si bien, se expone, por fin, su mayor logro: la unión entre literatura y gastronomía.
La cocina deja de ser una necesidad biológica convertida en placer y, a los ojos del escritor, se eleva hasta ser concebida como un arte de nuestra cultura. Así pues, el arte culinario es introducido en las obras de Montalbán ya sean estas de contenido social (Crónica sentimental de la transición, 1985), ya sean de género novelesco (Tatuaje, 1974).
La exposición “MVM con Manuel Vázquez Montalbán” representa esta alianza gracias a una puesta en escena original y fiel a las intenciones del autor. Una biografía, junto con una vitrina que presenta sus diferentes obras – con las respectivas traducciones –, precede un recorrido ilustrativo de los propósitos artísticos de Vázquez Montalbán. “La despensa de la memoria” pone de manifiesto su lado más personal y crítico ya que expone recuerdos del franquismo y de su paso por la cárcel Modelo de Barcelona al haber sido sometido a un consejo de guerra. Fotografías, una entrevista de Georges Tyras “Geometrías de la memoria” y canciones de Georges Brassens, Jacques Brel, Yves Montand o Raimon, ambientan la sección. Asimismo, “El vestuario de los pseudónimos” muestra en varios gorros de cocinero cuáles eran los pseudónimos usados por MVM, mientras que “Los recetarios de los maestros” hace la comparación entre escritura y cocina al presentar platos como soportes para la escritura, acompañando un conjunto de instrumentos de cocina y una pizarra con citas del autor. “El servicio” es un pasillo en el que las obras de MVM son el contenido de un plato a degustar. Este conduce a la sala más relevante de la exposición: “El comedor común”. En ella se encuentran las mesas procedentes de los restaurantes visitados y citados en los libros, gastronómicos o no, del crítico. Podemos calificar este espacio de sobresaliente, ya que la decoración de cada mesa es originaria de su establecimiento – con su correspondiente silla, mantelería, cubertería y vajilla – y en cada plato está impreso un fragmento de la referencia en cuestión. Cada mesa viene acompañada de una botella de vino cuya etiqueta son unos versos de MVM. Además, la escenificación culmina con una estrategia de iluminación pues para leer las citas, el visitante debe sentarse y así disfrutar del manjar: en caso de estar de pie, uno mismo se hace sombra al inclinarse, impidiendo una correcta lectura. Finalmente, “El fumoir de las digestiones” es el momento óptimo para reflexionar: después de comer viene la sobremesa y después de escribir – y de publicar – viene la crítica. Frente a ellas, no podemos hacer otra cosa que esperar en un cómodo sofá.